Los Pitufos y Pitufina
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EL PRINCIPIO DE PITUFINA, ¿LO VES AHORA?

El principio de Pitufina es uno de los análisis básicos cuando aprendemos a mirar lo audiovisual con perspectiva de género, junto al famoso Test de Bechdel, el test de la lámpara o la regla de la inversión. Es un ejemplo claro de tokenismo y se relaciona con lo que Laura Mulvey llamó “male gaze” o mirada masculina aplicado al lenguaje cinematográfico: acto de representar a las mujeres y al mundo desde una perspectiva masculina y heterosexual que muestra a las mujeres como objetos sexuales para el placer del hombre heterosexual como espectador.

Dicho esto, ¿qué es el principio de Pitufina? Pensad en la serie de animación “Los pitufos” que fue muy popular en los 80 y 90. De hecho, mira esta imagen y describe a cada personaje:

Pitufina en una imagen de Los Pitufos
Personajes de Los Pitufos, propiedad de Peyo / IMPS. Imagen capturada del bloque televisivo N-Toons.

Yo veo en el centro a un pitufo mayor con gorro rojo y a bebé pitufo (así se le llama en España, no Pitufín, sino bebé pitufo, sin diminutivos). Veo también un pitufo empollón, un pitufo glotón, un pitufo bromista, un pitufo gruñón, un pitufo romántico… diversidad de pitufos (en masculino) con diversidad de personalidades y de gustos y aficiones y de edades y de colores de vestimenta. Y luego veo a Pitufina (tanto en Francia que se decía Smurfette como en España Pitufina, el nombre va en diminutivo).  Tomando como punto de partida esta serie de animación donde solo había una única mujer en una aldea llena de hombres se acuñó el término principio de Pitufina, por parte de Katha Pollitt, crítica y escritora que lo utilizó en un artículo para The New York Times ¡en 1991! Pollitt explica en el ensayo:

Los espectáculos contemporáneos son ya sea protagonizados esencialmente solo por hombres, como Garfield, o se organizan en lo que yo llamo el principio de Pitufina: un grupo de amigos masculinos será acentuado por una mujer solitaria, definida de manera estereotipada.

La comunicadora Anita Sarkeesian explica por qué este recurso narrativo es nocivo: ofrece una visión limitada de las mujeres, establece lo masculino como norma y lo femenino como excepción.

CONSECUENCIAS DEL PRINCIPIO DE PITUFINA

Crear obras donde solo hay personajes masculinos y colocar una única mujer para resaltarlo tiene consecuencias muy negativas en el camino hacia la igualdad. También tiene sus variantes: la Pitufina protagonista, la Pitufina territorial, la Pitufina cantante en una banda de chicos… En todas ellas, la Pitufina es la única mujer, aunque pueda representar diferentes estereotipos. En la masterclass “Aprender a mirar” las vamos detectando y analizando.

Una de las consecuencias que no suelen citarse, pero a mí me irrita especialmente es que crear relatos siguiendo el Principio de Pitufina contribuye a extender el mito de la rivalidad entre mujeres como algo lógico e inamovible. Por suerte (más bien, por inteligencia), hemos empezado a detectar el principio de Pitufina más allá de las pantallas. ¿Lo puedes ver en una junta directiva? ¿Y en mesas redondas donde hay solo una experta frente a varios expertos? ¿Quién está en la tarima de las asambleas colectivas tan horizontales ellas? Es hora ya de pasar del “necesitamos una mujer o se nos notará el machismo” al “¿por qué sólo nos sale elegir hombres todo el rato?”. Así empezaremos a ver las rivalidades y los prejuicios desde otros lugares, el de la sobrerrepresentación de hombres blancos heterosexuales de clase alta sin discapacidad, por ejemplo.

De nuevo vamos a imaginar:

Una sala con 10 sillas vacías, alguien sale de la sala y pide un “señor mayor que proyecte autoridad” y lo colocan en el centro. Es Papá Pitufo. Luego piden un bebé, da igual el sexo aquí, pero lo nombrarán en masculino, que nos han contado que es genérico y no cambia el cuento. Bebé Pitufo en la sala. “Oye, alguien que haga bromas, que el humor vende. Y alguien que se enfade, para que haga más gracia” Pitufo Bromista y Pitufo Gruñón ocupan sus sillas. Se van quedando fuera algunos hombres no tan bromistas, no tan mayores, no tan gruñones, pero pueden reconvertirse en empollones o glotones, las sillas se van llenando. Solo queda una que van a llenar con Pitufo Bro, pero alguien avisa que hay unas cuantas mujeres quejándose fuera de que no las han elegido. Que también son Mamás y Bebés y Bromistas y Gruñonas y Empollonas. Pero esos puestos ya están cogidos por Pitufos. “Vale, vale, coge a una, solo queda una silla, así que coge una que guste a la mayoría de los que ya están dentro. Una así, joven, mona, calladita, importante que lleve tacones y tenga pestañas largas y un vestido, no vayan a confundirla con Pitufo Empollón” “Necesitamos una Pitufa Mujer” “Ufff, eso suena mal” “Pero es Pitufa y es Mujer” “Mejor llámala Pitufina, no vaya a venir una mujer mayor o demasiado grande o de esas que dan lecciones, sí, pide una Pitufina”. Las mujeres de fuera saben sumar y saben que dentro solo había 10 sillas y que ya han entrado 9 hombres, así que las que quieren ocupar su lugar en la sala se pelean entre ellas por entrar, o se ponen pelucas rubias o roban los tacones a otras. Aún no se les ocurre (pero se les ocurrirá) sacar a 4 hombres y entrar 5 mujeres diferentes, porque han oído Pitufina y Pitufina solo puede ser una.

¡BINGO! En un momentito tenemos la estereotipación del ideal femenino de los hombres adultos heterosexuales y creamos una rivalidad entre las mujeres para que, en lugar de combatir las normas y la manera de representar, se peleen entre ellas para encajar en el sistema existente. Muy eficaz todo. Tanto como darse cuenta y decidir crear otra sala, otros relatos, otras representaciones o salirse de esa fila y volverse a casa a desayunar tranquila.

(NOTA: sé cómo se creó a Pitufina y cómo se modificó en la serie real, pero como el principio creador ha evolucionado, uso esta metáfora inventada por mí para ejemplificar, no como resumen de la serie de animación)

EL PRINCIPIO DE PITUFINA EN LA ACTUALIDAD

Katha Pollitt acuñó el término en 1991. Yo llevo explicándolo ya una década y eso porque me lo explicaron a mí. Aun así, se sigue reproduciendo esta manera de crear personajes.

Una de mis series favoritas de los últimos tiempos ha sido Brassic. Reí y reí, rebobinaba las escenas y las ponía una y otra vez en bucle, tenía que parar el capítulo para coger aire. Es una gran serie que trata con humor y valentía la discriminación por orientación sexual, el clasismo, el edadismo, el racismo, la maternidad y la paternidad, la salud mental, muchos muchísimos temas que aún nos da miedo tratar desde el humor porque nos cuesta tratarlos en lo cotidiano. Esta serie lo logra. Si hablamos de otros modelos diferentes al “macho alfa” para hombres, esta serie los propone. Por desgracia, como ocurre con otras series de éxito, su primera temporada cae en el principio de Pitufina estrepitosamente.

Solo Erin Croft aparece en papel protagonista, en la imagen de promoción de la serie se ve claramente. Luego irá cobrando protagonismo Sugar y aparecerá Carol, mi más favorita.

Otros ejemplos más o menos recientes son The Big Bang Theory con Penny y La Patrulla Canina con Skye en sus primeras temporadas. El mensaje, como escribe Katha Pollit es claro:

«Los chicos son la norma, las chicas la variación; los chicos son centrales, las chicas periféricas; los chicos son individuos, las chicas, tipos. Los chicos definen el grupo, su historia y su código de valores. Las chicas solo existen en relación con los chicos.»

Luego, en las siguientes temporadas, la cosa cambia, alguien avisa, alguien se queja. Lo que me sorprende es que se validen los episodios pilotos, que los revisa tanta gente. ¿Quizá depende de quién revisa y aprueba, quién se identifica con los personajes, por qué personas están formados esos equipos?

FUENTES CONSULTADAS

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